Tras visitar el Cecot en El Salvador, el aspirante panista Antonio Martín del Campo planteó una prisión similar en Aguascalientes.
Por: Agencia Reforma
Ciudad de México.- Cuando pone un pie en las entrañas de la megacárcel que concibió el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, el senador panista Antonio Martín del Campo conoce el caso de un reo que de facto purga cadena perpetua, con una brutal condena de 750 años.
De mediana estatura, ese mara tiene la mirada extraviada, los brazos, el pecho y el cuello profusamente tatuados.
“Ese reo tenía una condena de 750 años: había matado a militares, a su hermano, había tenido un feminicidio y no sé qué otro tanto de delitos y, por lo tanto, en total son 750 años”, relata en entrevista el legislador.
“Si tú tienes un tatuaje de la Mara Salvatrucha, automáticamente son 20 años de cárcel”, aporta Martín del Campo, el precandidato más visible del PAN a la gubernatura de Aguascalientes, quien incursionó en la prisión para conocer el elemento más polémico de la estrategia de seguridad implementada por Bukele.
De hecho, las letras MS resaltaban justo en el pecho del recluso.
La Mara Salvatrucha asoló por muchos años a la población salvadoreña. En alguna etapa, ese grupo pandillero llegó a tener en sus filas a unos 70 mil elementos.
Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) es el nombre oficial de esa megacárcel, para muchos emblema de una política de seguridad marcada por un profundo desapego a los derechos humanos más elementales.
Rodeada por un muro de concreto de 11 metros de altura, 2.1 kilómetros de extensión y siete anillos de seguridad, la prisión está en Tecoluca, a unos 75 kilómetros de la capital salvadoreña.
Tiene una capacidad para albergar a unos 25 mil presos en cinco módulos con una red de celdas en cada uno. Por estos días, refiere Martín del Campo, hay unos 4 mil 500 reos, casi todos ellos vinculados con la Mara Salvatrucha.
“Para construir ese Centro de Confinamiento del Terrorismo —explica el legislador hidrocálido—, Bukele tuvo que modificar la Constitución y entrar automáticamente en Estado de Guerra y tener facultades de poder hacer algunas cosas y algunas reformas”.
“Hoy los salvadoreños se sienten más libres”, comparte Martín del Campo. “Nos comentaron que, en una encuesta, más del 90 por ciento de los salvadoreños tiene miedo de que se vaya Bukele (quien, por cierto, busca su tercera reelección como presidente)”.
Los Maras, describe el senador, tenían camisetas y shorts blancos, todos rapados. Las fotos que compartió dejan ver a decenas de presos hacinados en literas (sin colchonetas ni cobijas ni almohadas) dentro de las celdas. Otro grupo numeroso participaba de una audiencia por Zoom con un juez y un fiscal.
“Todas las sentencias son muy fuertes, muy altas. ¿Por qué? Porque mataste a un militar, porque mataste a tu hermano, y son acumulativas. Todos saben que quienes ingresan ahí saben que no van a salir vivos. Literal, tal cual”.
De acuerdo con el senador, la rutina en el Centro de Confinamiento del Terrorismo comienza a las tres de la madrugada, “la hora del baño, porque tiene que ser escalonado, y luego viene el desayuno (huevo y frijoles). Y toman agua de un barril.
“Abren la celda y les dan media hora de ejercicio (estiramientos) y luego se van a media hora de Biblia y de cuestión espiritual y otra vez los meten (a las celdas). Después, la hora de la comida y la hora de la merienda. Y es todo: a las nueve de la noche, todo mundo tiene que guardar silencio”.
—Y el trato, entonces, ¿qué le pareció?
“A ver, de entrada, con una fuerte autoridad, porque llegaba el director, (que) saludaba: ‘buenos días’. Y todos respondían como soldados, sorprendente.
“También había un área de castigo, un cuarto aislado donde no puedes conversar con nadie y te castigan por varios días”, relató.
—Pues son condiciones muy duras…
“Condiciones muy duras, pero ellos nunca se tocaron el corazón para matar a muchas personas y, por tanto, debe ser un gran ejemplo. Nos comentaban que ahora estaban tras las rejas, y los salvadoreños estaban libres”, respondió.
—¿Y con qué impresión se queda? ¿Se violan o no los derechos humanos en esa prisión?
“Dos cosas: esta no es una cárcel como tal, este es un Centro de Confinamiento de terrorismo. Únicamente a ellos así se les va a tratar. A los que están en las cárceles se les trata normal, como en cualquier cárcel universal. Pero estos reos tienen un trato especial.
“Como ya son personas que se van a morir, entonces lo único que tienes que hacer es medio cuidar lo que son los derechos humanos”, afirmó.
—Usted, como gobernador, ¿se animaría a instalar un centro como este?
“Yo sí, y de hecho está en la plataforma del PAN. Yo creo que es un gran ejemplo que se tiene que hacer con mano dura. Y si hay mano dura y si hay cero impunidad, cero tolerancia, el País (México) va a crecer”, sostuvo.
El senador panista Antonio Martín del Campo sostuvo una reunión con el vicepresidente salvadoreño, Félix Ulloa, durante su visita al país centroamericano.


