La CWD es una enfermedad que afecta específicamente al cerebro, la médula espinal y otros tejidos de ciervos, venados y alces criados en libertad. Produce una drástica pérdida de peso y cambios de comportamiento, como tropiezos, falta de coordinación, babeo, sed excesiva, orejas caídas, ausencia de miedo ante las personas o agresividad.

“Es una enfermedad de la que no puedes deshacerte”, afirma Dale Garner, jefe de vida silvestre de la División de Recursos Naturales de Iowa, pues se trata de una afección mortal que no tiene cura.

Varios investigadores aseguran que la enfermedad puede afectar a los humanos de forma sustancial. “Es biológicamente posible que la CWD infecte a las personas”, afirmó William Schaffner.

Una vez que se establece en un área, el riesgo permanece durante mucho tiempo en el ambiente, informó el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU.

Científicos canadienses demostraron el año pasado que macacos alimentados con carne infectada de ciervos, desarrollaron la enfermedad. Sin embargo, nunca se han reportado casos de CWD en humanos, aunque los resultados de los estudios contemplan esta posibilidad.

Los científicos creen que la enfermedad se propaga a través de fluidos corporales como las heces, la saliva, la sangre o la orina, ya sea por contacto directo o indirecto a través de la contaminación ambiental del suelo, los alimentos o el agua.

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU ha sugerido usar guantes, minimizar el tiempo de manejo de los órganos del animal y someterlos a prueba antes de comerlos. Al ser una enfermedad que se transmite a través de proteínas infectadas, llamadas priones, la cocción de la carne no reduciría el riesgo de contagio.