Unos 5 mil millones de dólares ha costado a Cuba el recrudecimiento del bloqueo económico y financiero de Estados Unidos a la isla, en el último año. Se trata de una política de efectos de extrema gravedad para el desarrollo de la isla y constituye una violación “masiva, flagrante y sistemática” de los derechos humanos de su población. Un genocidio, aseguran las autoridades caribeñas.

En noviembre, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) votará el proyecto de resolución presentado por La Habana, con el título “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, con la misma exigencia presentada por décadas para finalizar este reforzado estrangulamiento, ahora por la administración de Donald Trump.

Ayer, en la embajada de Cuba en México se proyectó la conferencia de prensa ofrecida en días recientes por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, donde asegura que ahora desde la Casa Blanca se da un uso “desvergonzado” de las medidas del bloqueo, pues su “saña, intensidad, agresividad y alcance extraterritorial son inéditas. No hay disimulo”.

Están dirigidas “a dañar a la familia cubana. No hay quien no sufra sus efectos”. De hecho, 7 de cada 10 habitantes de la isla ”han nacido bloqueados”, refiere.

Las autoridades cubanas llevan cuentas puntuales: a precios corrientes, los daños acumulados en casi seis décadas de aplicación del bloqueo alcanzan 138 mil 843.4 millones de dólares. Y si se toma en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, la cifra llega a 922 mil 630 millones de dólares.

Con esas cantidades se documenta que el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social del país, viola los derechos humanos de la población, y lo “califica de acto de genocidio, a tenor de la Convención para la Prevención y Sanción de Genocidio de 1948”; asimismo, transgrede la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Tiene un marcado carácter extraterritorial, ha perjudicado las relaciones financieras y crediticias internacionales de Cuba y pone en riesgo el cumplimiento de las metas de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En consonancia, el embajador de Cuba en México, Pedro Núñez Mosquera, dio ejemplos sobre las operaciones comerciales, financieras y otras, que sólo entre abril de 2018 y el mismo mes de 2019 han afectado a su país, tales como el incumplimiento de implementos médicos previamente adquiridos, el impedimento de exportar a Estados Unidos un medicamento específico, la cancelación de programas educativos con instituciones de aquel país, entre otros.

Otras acciones contra Cuba ponen de relieve la extraterritorialidad del bloqueo, como la cancelación de operaciones de empresas de Holanda, Bahamas y Japón, así como las sanciones a oficinas de firmas estadunidenses en Alemania, Austria e Italia, entre otros.

Ante ello, una vez más y como lo ha obtenido prácticamente en cada ocasión, Cuba está segura de que recibirá en la ONU el apoyo abrumador de la comunidad internacional para poner fin a un bloqueo frente al cual, establecen sus autoridades, la isla no hará ninguna concesión política: “La dignidad de Cuba no se negocia ni se arredra ante amenazas ni chantajes”.