Reacción y caos tras operativo de El Mencho
Por: La Jornada
27 de febrero de 2026 00:03
El 22 de febrero, a través de un extraordinario operativo, se logró el abatimiento de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, el narcotraficante más buscado por las autoridades de México y Estados Unidos y que, por décadas, había logrado evadir a las autoridades.
Antes de comenzar con una serie de reflexiones sobre este operativo, quiero externar mi sincero reconocimiento a los integrantes de las fuerzas armadas, quienes nos demostraron, una vez más, que el amor a la patria, el compromiso con el deber y el honor, la valentía, la preparación y la determinación son valores que inspiran cambios radicales y trascendentales. Pero, sobre todo, me gustaría hacer un alto para extenderles mi más sentido pésame a los familiares de quienes perdieron la vida cumpliendo con su misión; su entrega y dedicación nos instan a recordarlos como los héroes que son.
El reporte oficial, hasta hoy, menciona 28 elementos y una civil muertos durante el operativo; sin embargo, esto se traduce en madres, padres, hijas, hijos, hermanas, hermanos, cónyuges y seres queridos que no volverán a casa, por lo que hoy más que nunca honrar y reconocer su labor se vuelve imperativo.
Lo he mencionado en anteriores colaboraciones. La erradicación del narcotráfico es un símil de la batalla contra la Hidra de Lerna, aquel monstruo mitológico al que Heracles o Hércules, dependiendo de la versión, cercenaba una cabeza y del cuello inerte surgían dos más. Y es que, desafortunadamente, aunque la operación fue enérgica, la historia de los cárteles en México nos ha enseñado que el problema seguirá presente, y es aquí donde diversos cuestionamientos surgen: ¿cuánto tardará en aparecer el nuevo líder del CJNG? ¿Surgirá una división que se convierta en una encarnizada lucha por el poder? ¿O bien permanecerán unidos, garantizando la participación como lo diseñó el antiguo líder?
Pero además, el caos, el temor, la preocupación y la desesperación de la sociedad mexicana no solo son palpables, están justificados; y es que horas después de la detención de El Mencho hubo una respuesta del CJNG que mostró su organización.
Emitieron ataques coordinados, precisos y sin temor contra la población y las fuerzas armadas y de seguridad; salieron cínicamente a quemar autos, atacar gasolineras, incendiar tiendas de conveniencia, negocios y hasta el Banco del Bienestar. Es decir, no temieron enfrentarse a la autoridad, exhibiendo con ello las limitaciones del Estado y dándole la razón a las voces nacionales y extranjeras que afirman que amplias regiones del país se encuentran dominadas por el crimen organizado.
De acuerdo con un boletín del Gabinete de Seguridad, el domingo se registraron 252 bloqueos distribuidos en 20 entidades federativas y, aunque la velocidad de la respuesta institucional fue rápida, no fue suficiente ni oportuna. La ola de violencia, las agresiones e incluso la suspensión de actividades aún continúan en diversos estados, lo que podría prolongarse si existe una pugna y un reacomodo al interior de la organización criminal; Jalisco podría convertirse en un nuevo Sinaloa.
Con tristeza se debe reconocer que la población en México ha perdido la confianza en muchas instancias gubernamentales, por lo que el abatimiento del líder del CJNG no tardó en desatar en redes sociales comentarios que ponían en duda su muerte. Y aunque duela aceptarlo, habrá que hacernos preguntas incómodas, por ejemplo: ¿El Mencho debió ser detenido con vida para que declarara actos delictivos y, sobre todo, sus vínculos criminales? ¿A quién o a quiénes les convenía que fuera ultimado? ¿La operación realmente se hizo por una decisión unilateral o por la presión de Estados Unidos? Pero, sobre todo, ¿cómo se permitió que la presidenta estuviera expuesta en gira cuando debía haber estado resguardada ante un posible ataque en represalia?
En el contexto político, nuestra relación con el vecino del norte continúa tensa, y las declaraciones de los líderes del narcotráfico que se encuentran tras las rejas en territorio estadunidense han complicado el panorama para muchos servidores públicos, políticos y empresarios en México. El propio Donald Trump, dos días después de la muerte de Nemesio Oseguera, durante su mensaje del Estado de la Unión, mencionó: “también hemos acabado con uno de los jefes del cártel más siniestro de todos; lo vieron ayer”. No dio nombres ni mayores referencias; sin embargo, dejó en claro que ha sido gracias a su determinación que hoy el narcoterrorismo se encuentra recibiendo ataques certeros.
Es indiscutible que el trabajo mancomunado rinde frutos, y al esfuerzo del Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional se le deben sumar la labor de inteligencia y la colaboración del Grupo de Trabajo Interinstitucional Conjunto Contra los Cárteles, adscrito al Comando Norte y liderado por el general Maurizio D. Calabrese; instancia que fue creada a finales del año pasado y que, con apenas unos meses de operación, ya coadyuvó en el abatimiento del narcotraficante más buscado en nuestro país, y que probablemente se convertirá en una de las instituciones con mayor trascendencia en los próximos tiempos.
La muerte de Nemesio Oseguera podría ser uno de los mayores triunfos de la actual administración, pero el hecho desatará claroscuros que podrían traducirse en una escalada de la violencia y en mucho más crimen, lo que evidencia la necesidad urgente de crear un sistema real de inteligencia que dé al Estado mexicano información precisa, oportuna y confiable para poder desarrollar sus propias operaciones. Porque una cosa es coordinarse con instancias estadunidenses y otra depender de ellas.
Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política.


