Por: Agencias

Siria vive desde 2011 una guerra que ha vaciado sus calles. Según señala la Agencia de la ONU para los Refugiados (UNHCR-ACNUR), más de medio millón de personas han muerto, más de seis millones se han desplazado y más de cinco millones han salido del país huyendo de los bombardeos a los que se mantiene sometida a la población.

La provincia de Idlib, al noroeste del país, vive inmersa en múltiples luchas. Controlada por una coalición de grupos yihadistas enfrentados al Estado, el territorio ha sido convertido por su geografía en el foco de la tensión entre el gobierno sirio y Turquía. Más de 800.000 personas de la zona han tenido que abandonar sus hogares desde el 1 de diciembre, como recoge El País. Una de esas personas, que aún permanecen dentro del país sobreviviendo al conflicto bélico, es Abdullah Abu Salva, un padre sirio de 32 años cuya lucha personal para proteger a su familia ha llegado a las redes sociales.

Risas para afrontar cada bomba
El periodista Mehmet Algan publicó el pasado domingo en su perfil de Twitter una pequeña parte de la historia de Abdullah, el día a día con su hija Selva de 4 años. «Una familia de amigos de Idlib se ha refugiado en la ciudad fronteriza de Sarmada. Le han enseñado a su hija de 4 años que los sonidos de los aviones y las bombas eran un juego. Cada vez que hay un sonido, la familia se ríe para que el juego no se rompa», recoge el tuit.

Junto al texto, Mehmet Algan incluyó un vídeo en el que puede verse a Abdullah y a su hija en el momento en que escuchan el estallido de una bomba. Tras el sonido, la pequeña comienza a reír junto a su padre. En declaraciones para el diario Independent, Abdullah ha explicado que ha hecho creer a su hija que los sonidos de las bombas provienen de pistolas de juguete, algo que pensó cuando las bombas cayeron cerca de la casa de la que tuvieron que huir.

Un «juego abrumador que se repite de nuevo», señala Mehmet, quien añade junto al vídeo: «No necesitas saber árabe para entenderlo». Mientras el conflicto político continúa, y las consecuencias cada vez son más devastadoras, millones de civiles se protegen con el único objetivo de «volver seguros a casa algún día», como dice Abdullah.