Los Ángeles, California.- En 1995, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, de 49 años, inició una relación con Monica Lewinsky, una becaria de 22 años que trabajaba en la Casa Blanca. Cuando el vínculo se hizo público, la vida privada de Lewinsky —incluidas sus conversaciones y su intimidad— quedó expuesta a la cobertura mediática y a las burlas.
Clinton enfrentó un juicio político, pero el Senado lo absolvió en 1999 y pudo concluir su mandato. Años después, recibió un anticipo de 15 millones de dólares por sus memorias y obtuvo ingresos por contratos editoriales y conferencias.
La trayectoria de Lewinsky tomó otro rumbo. Aunque participó en una biografía autorizada y creó una empresa de bolsos, contó que le resultó difícil encontrar trabajo. En 2006 se graduó en Psicología Social en la London School of Economics y, en 2014, dijo que algunos empleadores mencionaban su historia con Clinton para rechazarla. Según relató, se sostuvo mediante proyectos propios y préstamos de familiares y amigos.
En 2018, Lewinsky denunció que le habían retirado la invitación a un encuentro sobre filantropía porque Clinton asistiría. La revista organizadora se disculpó, mientras que un portavoz del expresidente afirmó que ni él ni su equipo conocían la cancelación.
Con el tiempo, Lewinsky reconstruyó su carrera como escritora y activista contra el acoso. En 2025 lanzó su propio pódcast.
Clinton pudo incorporar el escándalo como un episodio más de su biografía. Lewinsky, en cambio, pasó años intentando que ese episodio dejara de definir la suya.


