Por: Arturo Ortiz Mayén

De octubre de 2018 al 2 de julio pasado han sido asesinados nueve policías del municipio de Guaymas, Sonora.

Otros nueve elementos de esa corporación renunciaron el martes pasado atemorizados por los ataques contra los miembros de esa corporación.

Guaymas era hasta hace poco, un municipio tranquilo, orgulloso de su historia y sus playas. Su mayor preocupación hasta hace un par de años era el intenso calor que por estas fechas rebasa los 40 grados.

Después del más reciente asesinato de un agente municipal, cuando vestía de civil y salía de una tienda Oxxo, circularon en grupos de WhatsApp, amenazas contra los uniformados, les advertían de no realizar patrullajes o serían acribillados.

Ese fue el día que se dieron las nueve renuncias. Ese día también el consulado de Estados Unidos en Hermosillo emitió una alerta para que sus ciudadanos no visitaran Guaymas y el municipio colindante, Empalme, donde también ha aumentado la violencia.

El jueves, a través de redes sociales comenzó a circular el audio de una llamada en la que una ciudadana pidió ayuda al 911 para reportar un robo y al ser canalizada a la policia municipal la respuesta fue que no podían ayudarla, porque “nos están matando”.

Pídale ayuda a los estatales o a la Marina, es puede oír en el audio.

Los habitantes de Guaymas y sus policías tienen miedo. Su esperanza es que con la llegada de la Guardia Nacional mejore la seguridad en las calles pero los elementos que han arribado a la cuidad aún están en capacitación y no saldrán a las calles hasta terminarla.

En Guaymas así como en otros municipios del sur de Sonora pasa lo que en muchas partes del país con los policías locales: al ser el eslabón más débil de la cadena por la cercanía con la gente, los bajos sueldos, la falta de equipamiento y capacitación, son presa fácil de los grupos de la delincuencia organizada.

Las opciones solo son dos ante este panorama: o aceptar colaborar para el narco cobrando en su nómina o rechazar el ofrecimiento y hacerle frente a las amenazas y en caso extremo, la muerte.

En Guaymas, así como en Empalme, Rosario y Ciudad Obregón hay un reacomodo de los grupos criminales. En medio de estos ajusticiamientos están los policías locales.

Según datos de la organización Causa en Común, durante el 2018, 421 policías fueron asesinados en todo el país. El 54 por ciento de las víctimas eran precisamente agentes municipales.

La mayoría de los casos, según el recuento de esta organización, ocurrió cuando los elementos ya habían salido de trabajar y se dirigían a sus casas.

La situación de las policías municipales en el país es contrastante. Mientras algunas corporaciones como la de Tijuana, Baja California, cuentan con más de 2 mil agentes y grupos especiales, otras no tienen ni un solo agente; en otras los sueldos son de apenas 5 mil pesos al mes o hasta menos.