Por: José Luis Pliego Corona

Ruego a la comunidad literaria anticipadas disculpas por el atrevimiento de parafrasear el título del gigante colombiano Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera. No tengo justificación, pero sí una explicación que espero me la den por válida: hablar del amor, del tiempo y de la muerte en los tiempos de la “inseguridad”.

La novela se inspiró en la relación de los padres de García Márquez y es un relato donde el amor desafía al tiempo, a la vejez y a la muerte. Florentino Ariza es capaz de esperar 53 años, siete meses y 11 días con sus noches a la mujer que considera el amor de su vida, Fermina Daza.

México sufrió en 2019 más muertos, entre ciudadanos y héroes de las fuerzas de seguridad, que todas las vidas que el cólera arrebató en la majestuosa obra. En cifras cerradas, de acuerdo con un estudio de Causa en Común, 450 policías perdieron la vida en el cumplimiento de su deber. Y con base en las números del gobierno federal, 35 mil personas sufrieron muerte violenta: récord histórico en el país.

—¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? —le preguntó.

—Florentino Ariza tenía la respuesta lista desde hace 53 años, siete meses y 11 días con sus noches.

—Toda la vida —dijo.

Como experto en seguridad no comparto para nada el fatalismo de don Florentino; por el contrario, estoy convencido de que en México tenemos la oportunidad de escribir una historia diferente hacia la unidad y la paz.

El prólogo es sencillo: construir juntos una relación de confianza, entrega y solidaridad entre la sociedad y sus agencias de seguridad.

Cuando una sociedad se muestra indiferente ante la pérdida de casi medio millar de sus policías y las fuerzas de seguridad, no se indigna ante el dolor de cada vida arrebatada violentamente, habremos perdido el insumo central que vuelve una relación inquebrantable y sustentable en el tiempo ante cualquier reto: el amor.

La mejor relación que debemos darnos es construir juntos empatía entre la sociedad y sus agencias. La ruptura afectiva no conviene a nadie, excepto a los delincuentes. La interlocución, los puentes, la alianza, la comunicación, entre otras muchas tareas de trabajo en equipo, deben ser efectivos y sus operadores generosos y con un profundo amor a México.

Si no lo hacemos, tampoco habrá primer capítulo de una nueva historia y seguiremos dando vueltas en el prólogo.

*Profesor-investigador especialista en seguridad nacional. Ex director de la Policía Cibernética y de la SSP Coahuila.

Twitter: @PliegoLuis